La Unidad Campesina de NJP tiene un objetivo fundamental: fortalecer el poder de los trabajadores agrícolas. Eso significa apoyar el liderazgo de las trabajadoras agrícolas latinas que se organizan, alzan la voz y generan cambios. Los litigios pueden contribuir a esa misión, pero el poder de los trabajadores agrícolas no comienza con los abogados ni con las demandas. Comienza con los trabajadores.
Cinco mujeres que trabajaban en WP Packing, una planta de empaque de fruta en Wapato, Washington, muestran cómo se logra esto en la práctica.
Alzando la voz juntas
Estas mujeres y sus compañeros de trabajo expresaron sus preocupaciones sobre las condiciones en la planta de empaque: calor excesivo, acceso restringido a los baños, tiempo de espera sin pago, jornadas excesivas, desigualdad salarial, acoso verbal y falta de una respuesta adecuada ante las lesiones laborales. Muchas personas empleadas allí solo hablaban español, y las mujeres eran la mayoría del personal en las líneas de empaque.
Las mujeres no comenzaron por acudir a los tribunales. Comenzaron por hablar entre ellas.
Plantearon sus preocupaciones a los supervisores y al personal de recursos humanos. Acudieron a WorkSource, la red estatal de centros de empleo. Se reunieron con la dirección. Cuando esos esfuerzos no lograron cambios, 23 trabajadores firmaron una carta en la que pedían a los dueños de la empresa que mejoraran las condiciones de trabajo. Yaquelin ayudó a coordinar la preparación de la carta, y otros trabajadores ayudaron a reunir firmas.
Ese es el poder de los trabajadores agrícolas: compañeros de trabajo que superan el miedo, empiezan a confiar unos en otros y pasan de las conversaciones privadas a la acción colectiva.
Enfrentando represalias
Después, las mujeres enfrentaron represalias: reducción de horas, mayor vigilancia, acoso verbal, amenazas y pérdida de sus empleos. También se presionó a los trabajadores para que firmaran un acuerdo que les obligaba a resolver sus reclamaciones mediante arbitraje individual y a renunciar a presentar reclamaciones colectivas.
Cuando las mujeres acudieron al Proyecto de Justicia del Noroeste, no nos pedían que les diéramos voz. Ya habían alzado la voz, repetidamente y con un riesgo personal considerable. Nuestra responsabilidad era escucharlas, creer en su capacidad de liderazgo y ayudar a convertir su acción colectiva en derechos que pudieran hacer valer por la vía legal.
Una estrategia legal creativa
Eso requirió creatividad, porque los trabajadores agrícolas están excluidos de las protecciones para organizarse que ofrece la Ley Nacional de Relaciones del Trabajo (NLRA), una ley federal. Sin embargo, la Ley Little Norris-LaGuardia del estado de Washington protege a los trabajadores de la interferencia, las restricciones o la coacción de los empleadores cuando actúan juntos para ayudarse o protegerse mutuamente.
La Unidad Campesina, en colaboración con Kathy Barnard, utilizó esa ley estatal para respaldar el principio que las mujeres ya habían puesto en práctica: los trabajadores agrícolas tienen derecho a unirse y buscar mejores condiciones. Durante todo el litigio, las mujeres tomaron decisiones de manera colectiva, sin la supervisión de abogados.
El resultado
El caso se resolvió en diciembre de 2022 mediante un acuerdo de conciliación de $265,000. El acuerdo también exigía una línea telefónica disponible las 24 horas para recibir denuncias de los trabajadores, avisos sobre las políticas y los derechos en el lugar de trabajo, capacitación para supervisores y gerentes, y medidas disciplinarias por violar las políticas de la empresa.
La compensación económica fue importante. Pero la valentía de estas mujeres también dio lugar a nuevos mecanismos para presentar denuncias y responsabilizar a los supervisores, cambiando las condiciones de los trabajadores que llegaron después de ellas.
Una de las mujeres, María Guadalupe Morfín Ávalos, expresó lo que significaba el caso:
“Es importante que los trabajadores sepan que no deben tener miedo de alzar la voz y pedir cambios. Si nos unimos, podemos lograr cambios”.
Fortalecer el poder de los trabajadores agrícolas no significa que el miedo desaparezca. Significa actuar juntos a pesar de los riesgos, para que ninguna mujer tenga que enfrentarlos sola. Nuestro papel no es dirigir en su lugar, sino ayudar a crear las condiciones para que su liderazgo tenga éxito.